Meditaciones
Domingos de Cuaresma

Domingo Cuaresma V (22 de marzo 2026)

Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mí no morirá para siempre. (Jn 11, 25-26) 

El Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma es el de la Resurrección de Lázaro.

Jesús se muestra como el Señor de la vida, el que es capaz de dar vida incluso a los muertos. En este pasaje del Evangelio vemos que la fe del hombre y la omnipotencia de Dios, el amor de Dios, se buscan y, finalmente, se encuentran.

¡Tened fe! En medio del llanto seguid teniendo fe, aunque la muerte parezca haber vencido. ¡Quitad la piedra de vuestro corazón! Que la Palabra de Dios devuelva la vida allí donde hay muerte.

Cristo vive, y quien lo acoge y se adhiere a Él entra en contacto con la vida. Sin Cristo, o fuera de Cristo, no sólo no hay vida, sino que se recae en la muerte.

La resurrección de Lázaro es también un signo de la regeneración que tiene lugar en el creyente a través del Bautismo, con la plena inserción en el Misterio Pascual de Cristo. Gracias a la acción y al poder del Espíritu Santo, el cristiano es una persona que camina en la vida como una nueva criatura: una criatura para la vida y que camina hacia la vida. (Papa Francisco).
 

 

 

Domingo Cuaresma IV (15 de marzo 2026)

“Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida”. (Jn 8, 12)

El tema de la luz ocupa el centro de la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma. Jesús dice de sí mismo: «Soy la luz del mundo», la luz que ilumina nuestras tinieblas.

El ciego curado, que ahora ve, sea con los ojos del cuerpo que con los del alma, es una imagen de cada bautizado que, inmerso en la Gracia, ha sido arrebatado a las tinieblas y puesto bajo la luz de la fe. Pero no es suficiente recibir la luz: hay que convertirse en luz. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda su vida. Los primeros cristianos decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, es el “misterio de la luna”, porque daba luz pero no era una luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Nosotros también debemos ser el “misterio de la luna”: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor. San Pablo nos lo recuerda: «Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad» (Efesios 5, 8-9). La semilla de la nueva vida puesta en nosotros en el Bautismo es como la chispa de un fuego, que a los primeros que purifica es a nosotros, quemando el mal que llevamos en el corazón, y nos permite que brillemos e iluminemos con la luz de Jesús. (Papa Francisco) 
 

 

 

Domingo Cuaresma III (08 de marzo 2026)

Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo; 
dame agua viva, así no tendré más sed. (Jn 4, 42. 5)

"El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto a un antiguo pozo al que la mujer iba cada día a sacar agua. Ese día encontró allí a Jesús, sentado, «fatigado por el viaje». Y enseguida le dice: «Dame de beber».
Aquella sed de Jesús no era tanto sed de agua, sino de encontrar un alma endurecida. Jesús tenía necesidad de encontrar a la samaritana para abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que había en ella misma. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús esos interrogantes profundos que todos tenemos dentro, pero que a menudo ignoramos. También nosotros tenemos muchas preguntas que hacer, ¡pero no encontramos el valor de dirigirlas a Jesús! La cuaresma es el tiempo oportuno para mirarnos dentro, para hacer emerger nuestras necesidades espirituales más auténticas, y pedir la ayuda del Señor en la oración”. (Papa Francisco) 
 

 

 

Domingo Cuaresma II (01 de marzo 2026)

Transfiguración de Jesús en el monte, ante Pedro, Santiago y Juan. 

"Su rostro radiante y sus vestidos resplandecientes, ofrecen a estos hombres asustados la luz de la esperanza: la muerte no será el fin de todo, porque se abrirá a la gloria de la Resurrección.
En el camino de la fe, a menudo tropezamos cuando nos encontramos con el escándalo de la cruz y las exigencias del Evangelio, que nos pide que gastemos nuestra vida en el servicio y la perdamos en el amor, en lugar de conservarla para nosotros. Necesitamos una luz que ilumine en profundidad el misterio de la vida y nos ayude a ir más allá de nuestros esquemas y de los criterios de este mundo. 

También nosotros estamos llamados a subir al monte, a contemplar la belleza del Resucitado que enciende destellos de luz en cada fragmento de nuestra vida. A vivir el encuentro con Cristo para que, iluminados por su luz, podamos llevarla a todas partes. Ser pequeñas lámparas del Evangelio que lleven amor y esperanza: ésta es la misión del cristiano." (Papa Francisco)
 

 

 

Domingo Cuaresma I (22 de febrero 2026)

No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mt 4, 4)

“El desierto, donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre está privado de los apoyos materiales y se halla frente a las preguntas fundamentales de la existencia, es impulsado a ir a lo esencial y precisamente por esto le es más fácil encontrar a Dios. Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay agua no hay siquiera vida, y es el lugar de la soledad, donde el hombre siente más intensa la tentación. Jesús va al desierto y allí sufre la tentación de dejar el camino indicado por el Padre para seguir otros senderos más fáciles y mundanos. Así Él carga nuestras tentaciones, lleva nuestra miseria para vencer al maligno y abrirnos el camino hacia Dios, el camino de la conversión.
Reflexionar sobre las tentaciones a las que es sometido Jesús en el desierto es una invitación para responder a una pregunta fundamental: ¿qué cuenta de verdad en mi vida? (Benedicto XVI) 
 

 

 

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